La oración efectiva

En el momento de tu oración, hay dos grandes fuerzas opuestas, la del bien y la del mal, ¿de qué lado quieres estar?

He aquí te dice el Señor: “Hijo mío, yo te quiero abrazar esta noche. Te quiero dar un abrazo de calor como sólo yo lo sé hacer, sólo yo que soy tu padre. Mis ojos ven todo lo que tú haces, mas mis oídos están atentos a tu clamor. Tú pides auxilio y yo te lo daré y aun así, yo te libraré de accidentes, de angustias y yo daré a tu vida paz. Y tú que me sirves, dice el Señor, yo voy a redimir tu cerviz”.

Mateo 6:5

Y cuando ores, no seas como los hipócritas; porque ellos aman el orar en pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos de los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa. Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.

Cuando oramos, nosotros podemos evocar en nuestro pensamiento de que el orar con el padre nuestro va a ser suficiente, yo no estoy desestimando ni restando importancia a lo que el Señor respondió a sus discípulos cuando les dijo: “Señor, enséñanos a orar. Si oramos con fe y tomamos nuestro tiempo, ¿cuánto nos puede llevar dirigirnos al Señor y elevar la oración del Padre Nuestro? Quizá tres, quizás cinco minutos, quizás una oración incompleta que se quedaría a media, porque el Señor nos pide que nosotros nos metamos en intimidad con Dios. El Señor nos pide que estando solos nos dirijamos a El, ¿para qué íbamos a cerrar la puerta si nuestra oración fuera breve? El Señor sabe la importancia de estar en su presencia, por lo que nos dice que lo hagamos en intimidad, y no como los hipócritas que oran para que los demás los vean. El sabe que nosotros tenemos necesidad de orar y estar en su presencia un tiempo largo. Watchman Lee fue un predicador y fue un hombre que escribió mucho acerca de la oración y cuando el murió hace varios anos, las personas que hallaron su cuerpo se sorprendieron al descubrir algo. ¿Qué creen que descubrieron en el cuerpo que ya había muerto? Descubrieron algo y fue un hallazgo en sus rodillas, las rodillas de este hombre estaban gruesas como la piel de un elefante. ¿Te has dado cuenta como es la piel de un elefante? Gruesa, áspera, seca, arrugada. Llegar a tener las rodillas así por haber pasado horas y horas en la presencia del Señor en oración, eso no se adquiere tan fácilmente. Tócate tus rodillas, ¿son como de elefante? Verdad que todavía no, les falta mucho. ¿O son como las de un bebe? Suavecitas, tersas. Tócale la rodilla a tu vecino, sólo la rodilla. Si alguien detectó que su vecino tiene las rodillas de un elefante, levante la mano, y no me refiero al grosor de la pierna, sino a la textura. Yo todavía no las tengo así, me hace falta mucho. La escritura dice que cerremos la puerta, que nos metamos en intimidad con el Señor y nos dice: Tómate el tiempo de estar en mi presencia porque tienes necesidad y la necesidad no se va a resolver con una oración rápida. El Señor me dijo hoy: “Quiero que les compartas cómo deben ellos inhabilitar a su enemigo”.

Y eso es lo que voy a enseñarles esta noche. Voy a pedirles que me acompañen a Lucas 18:1-8.

También les refirió Jesús una parábola sobre la necesidad de orar siempre, y no desmayar, diciendo: Había en una ciudad un juez, que ni temía a Dios, ni respetaba a hombre. Había también en aquella ciudad una viuda, la cual venía a él, diciendo: Hazme justicia de mi adversario. Y él no quiso por algún tiempo; pero después de esto dijo dentro de sí: Aunque ni temo a Dios, ni tengo respeto a hombre, sin embargo, porque esta viuda me es molesta, le haré justicia, no sea que viniendo de continuo, me agote la paciencia. Y dijo el Señor: Oíd lo que dijo el juez injusto. ¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se tardará en responderles? Os digo que pronto les hará justicia. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra? El Señor enseñaba mucho en parábolas para que uno aprendiera, discerniera. También les dirigió a Jesús una parábola sobre la necesidad de orar siempre. Necesidad de orar siempre y no desmayar en tu oración. Si tu necesidad es grande, tienes que orar siempre sin desmayar, sin cansarte y eso lo vas hacer en la intimidad con el Señor, habiendo cerrado la puerta. Cuando cierras la puerta, empiezan a ocurrir milagros, aislas todo el mundo exterior y sólo queda el Señor y tú. ¿Han experimentado ustedes esa experiencia tan linda de estar a solas con el Señor? ¿Quiénes lo han experimentado? Los demás se lo han perdido, pero les vamos a enseñar que es necesario hacerlo.

Había en aquella ciudad una viuda… hazme justicia de mi adversario y El no quiso por un tiempo, pero después de un… porque este viuda me es molesta, le hare justicia… oíd lo que dijo el juez injusto: Acaso Dios no hará justicia a los escogidos?

Di: Yo soy su escogido. ¿Acaso no hará Justicia a sus escogidos que claman de día y noche? ¿Se tardará en responderle? ¿Cuándo tenemos que orar? Siempre, sin desmayar, día y noche. Es claro el Señor en la instrucción. “Os digo que pronto les hará…”

Se que ustedes han escuchado esta parábola y han sido enseñados en que en base a la insistencia de la viuda, este juez la escucho y concedió su petición. Hemos sido enseñados que si insistimos vamos a obtener una respuesta a la oración, pero te tengo una sorpresa: si pedimos así, la oración está incompleta, es parcial y el Señor nos dice que si tenemos necesidad, tenemos que hacer las cosas bien hechas, completas y nos va a enseñar cómo. Nosotros aquí vemos tres personajes: El juez, la viuda y el adversario. Con honestidad, te pregunto: ¿Cuándo oras, pides por tu adversario? Verdad que no, entonces nunca lo inhabilitamos, este juez de una forma negativa representa a Dios. La viuda representa la iglesia, nos representa a nosotros y obviamente, el adversario.

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