Dios te prepara para lo que viene

Hay momentos en nuestra vida que Dios preparó el escenario donde vamos a recibir de su presencia, su unción y su Palabra que nos preparan para lo que viene

Números 6:22-26

Jehová habló a Moisés, diciendo: Habla a Aarón y a sus hijos y diles: Así bendeciréis a los hijos de Israel, diciéndoles: Jehová te bendiga, y te guarde; Jehová haga resplandecer su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia; Jehová alce sobre ti su rostro, y ponga en ti paz.

Esta es una bendición que tenía que declarar sobre todos su hijos. Yo quiero hablar de esa última parte. Por qué cuando Aarón y sus hijos iban a declarar una bendición como esa, cierra con esto: “Pon en mí paz”. Esa es una expresión muy común, pero que normalmente se pierde. Hay cosas que nos hacen perder la paz. Cuando se enoja, por ejemplo, cuando le roban. El diablo es un ladrón de paz. Si su hijo anda en malos caminos, usted pierde la paz. El diablo quiere robarle la paz porque es donde la fe se asienta, como la cama donde la fe descansa, una plataforma que la sostiene. Viene Jesús y va a la cruz y dice que de repente, le aparece a los discípulos y lo primero que dice es: “Paz a vosotros”. Aparece Jesús de blanco, uno se pondría nervioso. Se les apareció tres veces y las tres veces se lo dijo.

Vamos a repasar parte de lo que el pastor ha estado enseñando acerca de dos mujeres que tuvieron un encuentro con el Señor y lo escucharon. Una de ellas estaba escuchando a Jesús y la otra, estaba enojadísima que no la dejaban hacer la cena. ¡Cómo el quehacer diario le puede quitar algo que le puede servir después! Hay momentos en su vida que no son sino la preparación para lo que viene después. Cuando preparaba este mensaje, le pedía al Señor que si aquí iban haber personas que dentro de poco iban a vivir momentos intensos en su vida, que esta Palabra les diera la seguridad, la certeza para que pudieran afrontarlos. Yo no sé lo que puede venir a mi vida, pero sí sé que Dios ha preparado momentos de unción, de Palabra que me han preparado para cuando venga algo fuerte a mi vida. ¿Quién dice que para las cosas buenas no se necesita también la presencia de Dios? Los momentos buenos y malos vienen desprevenidos, y si no está listo, pierde oportunidades. Hay un hombre en la Biblia a quien le preguntaron qué quería que le hiciera; le aseguro que si ahorita les pregunto a ustedes, me dicen “dinero, viaje, etc.”. Todos dirían: “Pide como Salomón, pide sabiduría”, pero porque ya lo leyó. ¿Qué pedir cuando Dios está? Hable con Dios. Hay personas que está Dios ahí con ellos y no le dicen ni “buenas noches”, eso es perder un momento.

Hay momentos en nuestra vida que Dios preparó el escenario donde vamos a recibir de su presencia, su unción y su Palabra que nos preparan para lo que viene. No necesariamente tiene que ser algo malo. Cuando le dicen: “Y viene algo nuevo para ti, ya pensamos que es algo malo”. Pero, ¿por qué Dios no nos puede preparar para algo bueno? Al rato, este fin de semana usted conoce a su príncipe azul, o viene una promoción en su trabajo. No necesariamente tienen que ser cosas malas.

Viene Marta y está afanada y turbada porque invitó al Maestro a comer a su casa, asumió la responsabilidad de atenderlo y ve que su hermanita está sentada escuchando lo que Él decía. Hay personas que no están aquí, sino en otro lado. Marta se molesta, porque la hermana no la ayuda. Jesús le dice: “Afanada y turbada estás”, yo no le voy a quitar a María la mejor parte, porque fue la parte que ella escogió. Pero Marta estaba tan enfocada en eso que se perdió la oportunidad de atender al Maestro en el momento correcto. Al final, María se dedicó a escuchar al maestro y Marta a hacer lo que tenía que hacer para atender a la gente que estaba ahí. Usted diría que Marta hizo bien, pero hay un momento para cada cosa.

Juan 11:1-5

Estaba entonces enfermo uno llamado Lázaro, de Betania, la aldea de María y de Marta su hermana. (María, cuyo hermano Lázaro estaba enfermo, fue la que ungió al Señor con perfume, y le enjugó los pies con sus cabellos. Enviaron, pues, las hermanas para decir a Jesús: Señor, he aquí el que amas está enfermo. Oyéndolo Jesús, dijo: Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.  Y amaba Jesús a Marta, a su hermana y a Lázaro.

Aquí aparecen Marta y María y cada una significa algo que podemos poner en práctica en nuestra vida. El problema es cuando no sabemos vivir los momentos de nuestra vida. Hay momentos que generan en nosotros tal sentimiento que no nos hacen ver todo lo que está ocurriendo a nuestro alrededor.

Viene el maestro y come con las dos, una afanada y la otra que lo escucha. Una afanada y la otra que le pone atención. Lo que Marta no pudo ver es que esa cena era la preparación para algo que venía. Jesús aceptó ir a esa cena, estuvo ahí, pero tuvo que afrontar el conflicto de una mujer afanada con otra que sabía escoger el momento. Siempre que tenga la oportunidad de tomar tiempo para escuchar a Dios a través de alguien, hágalo. Porque siempre la Palabra que Dios envía tiene un propósito, y habrá de provocar en nuestro corazón algo. El futuro se vuelve futuro para aquellas personas que se preparan cuando llegue. Dios sabe lo que le va a pasar a usted el próximo mes. Por conocerlo, es que envía Palabra que lo prepare para eso. En su futuro hay oportunidades y si no estamos listos, las vamos a dejar pasar.

¿Será que María sabía presentarse delante del maestro? Por supuesto. María sacrificó lo mejor que tenía y así se presentó delante de Dios.

Este versículo es corto y directo. Jesús amaba a estas tres personas. El nos ama tanto que sabe que genera a nuestro alrededor todo aquello que nos va ayudar para bien. La correspondencia de ese amor que le tenemos a Dios, va ser que todo nos ayude a bien en nuestra vida.

Versos 6-15

Jesús estaba en peligro de muerte e iba a ver a Marta y María.

Los discípulos no entendieron lo que Jesús iba a hacer. Hay momentos en nuestra vida que no vamos a entender lo que está pasando, por qué suceden las cosas, pero en este caso, los discípulos no lograron captar lo que les decía y era necesario que lo acompañaran para que vieran lo que Jesús les estaba diciendo. Los discípulos se dieron cuenta que a propósito se quedó.

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